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Sunday, September 22nd, 2019
NUEVAMENTE TE MATARON, NOS MATARON

NUEVAMENTE TE MATARON, NOS MATARON

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by diciembre 6, 2018 Actividades, Noticias
Lic. Mercedes Moreno (*)
Fotos: Gentileza Conurbardo Colectivo

Lucía, el nombre de nuestra lucha

No puedo no escuchar el nombre Lucía sin estremecerme. Sin dejar de sentir el mismo escalofrío que sentí en aquel Octubre de 2016 cuando nos enteramos que hijos sanos del patriarcado nuevamente nos habían arrebatado, y de esa manera tan cruel, a otra compañera.

Lucía tenía tan sólo 16 años.  Y la drogaron, la violaron  y murió producto de un “reflejo vagal”. Es decir, murió de dolor. Me vuelvo a estremecer con esa frase. Y ni siquiera puedo llegar a imaginar el calvario que padeció en sus últimos minutos de vida.  Y lo peor de todo, es que a pesar de tanto sufrimiento, de tanto dolor,  tanta violencia,  tanto patriarcado hecho carne, la semana pasada nos enteramos que para la (in)justicia argentina su crimen  no fue un FEMICIDIO.

Con ese fallo otra vez mataron a Lucía. Mataron nuevamente en vida a su familia, a sus amigxs, a todas las pibas que en ese primer paro de mujeres de la Argentina salimos en medio de la lluvia, vestidas de negro, decidas a parar el mundo gritando a viva voz “NI UNA MENOS, VIVAS NOS QUEREMOS”.

En esa movilización histórica de aquel 19 de Octubre el dolor era nuestro motor.  Teníamos que hacer algo con toda esa angustia que nuestras cuerpas cargaban hace días, teníamos que hacerle saber a esta sociedad patriarcal y femicida que éramos muchas las que no nos callábamos más, que éramos  muchas las que estábamos decididas a vivir desde el feminismo, haciendo el objetivo de nuestras vidas terminar con el patriarcado y construir un mundo donde ser mujer, heterosexual, lesbiana o bisexual; travesti o trans no sea un peligro.

Hoy, dos años después, ese mismo dolor y esa necesidad imperiosa de destruir este sistema histórico, social, económico y cultural llamado patriarcado, define nuestras agendas, nuestra lucha, nuestras vidas.

Fuegas

Vivir desde el feminismo  es vivir desde el dolor. El dolor de la violencia, y no de cualquier violencia, el de la violencia vivenciada por nuestra condición de género, por nuestro ser mujer. Ese dolor que a su vez también es furia. Furia que nos quema el cuerpo pero que nos hace arder, nos enciende y simultáneamente enciende a la otra compañera como si fuera un efecto dominó que nos convierte en fuegas. Miles de fuegas encendidas que ardemos con tanta pasión, como diría Galeano, listas para quemar toda estructura que violente nuestras vidas mientras que en paralelo construimos relaciones libres, horizontales, colectivas, compañeras, feministas.

Nos duele y nos enfurece que el delito por el cual fueron culpados los femicidas Matias Gabriel Farias y Juan Offidan haya sido “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización (…)”, omitiendo el crimen de odio que cometieron  hacia Lucía. Ni hablar de la absolución y excarcelación de Alejandro Maciel, cómplice del femicidio de Lucía, quien también tiene en sus manos la sangre y el último suspiro que dejó una piba de 16 años después de vivir un calvario tal digno de la época medieval pero en el siglo XXI.

Nos duele y nos enfurece que no sólo se hayan utilizado argumentos sexistas en defensa de los acusados, sino que también que éstos se hayan tomados por válidos para absolverlos de la causa de abuso sexual y femicidio. Nos mata nuevamente que se haya estigmatizado a Lucía con alegatos como “tenía más de 20 faltas en el colegio por haberse quedado consumiendo estupefacientes,  tenía relaciones con todos aquellos que le gustaban”, tratándola de convertir en la “mala víctima” y así justificar su crimen. Pareciera que si te fumas un porro y disfrutas libremente tu sexualidad cualquier hijo del patriarcado tiene la potestad de hacer lo que quiera con tu boca, tus tetas, tu ano, tu vagina, tu cuerpo, tu vida. Pareciera que esta sociedad enferma de machismo está más preocupada por cuidar a los femicidas que por hacer justicia por las pibas que ya no pueden hablar para pedir ayuda, que ya no pueden correr para tratar de escapar de su calvario, que ya no respiran más porque uno o varios machos decidieron que su corazón ya no tenía que latir más.

Pero lo que no esperaban es que  el corazón de todas las sobrevivientes del patriarcado, (porque las mujeres que estamos vivas somos eso, sobrevivientes), late por ellas, late por todas.

Hoy nuevamente nos encontraremos en las calles porque sabemos que la violencia de género es un problema social, y por ende, del ámbito público.

Nuestros pasos y nuestra voz invaden e invadirán cada rincón de esta sociedad. Haciendo estremecer y quebrar a este sistema que nos quiere sumisas o muertas, pero nosotras nos queremos vivas. Y mientras respiremos seguiremos encendidas y contagiando ese fuego, mejor dicho esa fuega feminista.

 

(*) Licenciada en Trabajo Social. Orgullosa matancera del tercer cordón. Militante feminista. Integrante de Pandora.
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