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Thursday, August 5th, 2021
Sí, la revolución definitivamente es feminista

Sí, la revolución definitivamente es feminista

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by junio 18, 2018 Noticias
Mercedes Moreno(*)

 

Más de un millón de mujeres caminaron, gritaron, cantaron, se emocionaron y se abrazaron en los alrededores del Congreso de La Nación, en lo que fue una jornada extensa, pero histórica, de sesión en la cual el frío se hizo presente pero no fue oponente ante ese fuego que emerge cuando el aquelarre se organiza.

 

Libertar al cuerpo para construir nuevos vínculos

Desde antes del mediodía del miércoles 13 Junio ya se podían apreciar distintas organizaciones y movimientos concentrando en el sector norte del Congreso, montando campamento para lo que iba a ser un día intenso de lucha, en la que después de 13 años nuestrxs diputadxs estaban debatiendo sobre la Legalización del aborto.  Al correr del día, una gran cantidad de mujeres fueron llegando, orgullosas, con sus pañuelos verdes en sus cuellos, cabezas, puños o atado firmemente en sus mochilas.

Mujeres, muchas mujeres. De diferentes edades, diferentes clases sociales, cada una con una manera particular de ser mujer y vivir el feminismo, pero todas con una misma consigna, con un mismo objetivo: que todas las  mujeres tengamos la posibilidad de decidir.  ¿De decidir qué? Se preguntará algún conservador o conservadora que piensa que las mujeres ya ganamos bastantes derechos: La posibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos.  Nada más y nada menos.

Estos cuerpos, que históricamente han sido territorio de conquista y aleccionamiento por parte del patriarcado ya sea en guerras, dictaduras o simplemente en la vida cotidiana de las mujeres. Estos cuerpos, cosificados diariamente, tanto en el espacio público como en los medios masivos de comunicación,  por otro. Ese otro criado desde (y en) el machismo, que se apoya en este sistema social basado en la “superioridad  masculina” para violentar, tanto física como simbólicamente, a estos cuerpos: nuestros cuerpos.

Nuestros cuerpos, que tanto ruido y violencia causan cuando se encuentran empoderados, cuando muestran su desnudez no apta para el consumo capitalista y sexista; cuando son libres y amados a pesar de no cumplir con esos estereotipos tan tediosos como irreales que supuestamente debemos seguir. Estos cuerpos, que alguna vez fueron sumisos y que hoy expulsan rebeldía por cada poro, estos cuerpos que no quieren ser más territorios de conquista del patriarcado, de las creencias religiosas, de las políticas públicas arcaicas. Estos cuerpos, que por tanto tiempo fueron silenciados se unieron, desde la sororidad, para exigir que el aborto sea legal, seguro y gratuito, para que los cuerpos gestantes puedan optar o no por maternar.

 

La maternidad será deseada o no será

El nodo de la cuestión es, fue y será, cumplir con ese constructo social devenido en ley natural que es maternar. Para algunos sectores las mujeres estamos determinadas, obligadas a maternar, ya que creen que mujer es sinónimo de madre. No mis queridos y queridas, el maternar se basa en una decisión, en un deseo, y no todas lo tenemos. Y allí, cuando una mujer dice “no quiero ser madre”, irrumpe, molesta, pone en tensión las bases del patriarcado, ya que dice NO al mandato machista por excelencia. Y esa decisión, esa decisión de ser, de construir por sí misma su proyecto de vida, lo más libre de esos estereotipos que tanto nos limitan, es lo que genera tan odio, tanta violencia en aquellxs que “supuestamente” defienden la vida.  Pero no vale la pena escribir sobre ellxs, el odio no es nuestro móvil.

El hambre de belleza, de conquistar derechos, de deconstruir esta sociedad y construir otra más equitativa en donde podamos relacionarnos bajo una lógica distinta a la patriarcal, es lo que movilizó y moviliza a las mujeres, es lo que nos une, nos hermana, nos hace una a pesar de que seamos distintas. Esos lazos sororos que vivenciamos en cada marcha, en cada concentración, genera un sentimiento que es inexplicable, es hermoso, es esperanzador. Ese sentir colectivo e histórico que nos invade cuando estamos juntas, cuando nuestras miradas se cruzan y nos sonreímos sororamente, nos recuerda que no estamos solas, que somos muchas.

Somos y fuimos protagonistas de una noche histórica acompañadas, abrazadas ante tanto frío; la marea verde abrazó al Congreso y a cada una de las personas que allí estuvo presente. La sororidad primó en aquella vigilia, entre todas nos cuidamos, entre todas nos ayudamos a pasar de la mejor manera el frío, la ansiedad y la incertidumbre. La sororidad caracteriza a nuestro movimiento. Fue y es nuestro motor. Porque cada vez que copamos las calles, lo hacemos por todas, por aquellas que no pueden estar, por las que están, por las que manifiestan no sentirse representadas por nosotras, y por sobre todo lo hacemos por aquellas ausentes que nos deja el patriarcado día a día. Este sentir colectivo e histórico que es la sororidad fundamenta nuestra lucha y a partir de ella logramos la media sanción del proyecto de ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo. La lucha y el amor sororo lo hizo posible.

 

¿Y ahora, cómo seguimos?

Como siempre. Como lo hicieron nuestras antecesoras: luchando, más unidas y sororas que antes y con el corazón latiendo más verde que nunca repleto de la esperanza que todas juntas podemos hacer una democracia, un país y un mundo cada vez más libre, más justo, más equitativo, en síntesis: más feminista.

Compañeras, hermanas, socias, sigamos siendo y haciendo historia

Abrazo sororo,  ¡y que sea ley!

 

*Licenciada en Trabajo Social. Redactora de Pandora. Militante Feminista
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