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HABLA MARIKA…O CALLA PARA SIEMPRE !!

HABLA MARIKA…O CALLA PARA SIEMPRE !!

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by noviembre 21, 2018 Noticias
Lucas Neyra (*)

 

 

Abrís las redes sociales y explota de estados o fotos que con orgullo comparten que en CABA se desarrolló la edición número 27 de la Marcha del Orgullo LGBTIQ+, donde miles de disidencias se encuentran en una fiesta para visibilizar, para resistir y para rebelarse contra las normas de una sociedad con prejuicios, miedos e inseguridades. Personalmente no pude asistir.  Responsabilidades por un lado y contradicciones por otra, pero aun así tengo la necesidad de compartir una pequeña reflexión de esta marika que transita la disidencia desde el conurbano profundo, al margen de la lógica grayfriendly hegemónica y que se construye desde un territorio donde ser puto o marika no es lo mismo que ser gay u homosexual.

Recuerdo que a la primera manifestación pública y política a la que asistí del mundo LGBTIQ+ fue al debate en el Congreso por la Ley de Matrimonio Igualitario, con la excusa de hacer un trabajo para la secundaria. En ese momento no había “salido del closet“, aunque era claro que algo diferente había y se percibía en mi todavía no había hecho los procesos necesarios para entenderme desde un posicionamiento político fuera de la heterónoma. Ir me marcó a fuego, ahí estábamos peleando por un derecho negado, mas allá de las criticas que podemos hacerle a la ley o a la construcción de esa conquista, es innegable como parte de disputar leyes que nos abracen a todxs, fue histórica para nuestra comunidad conquistarla.

La primera marcha del Orgullo a la que asistí  fue en el año 2012, ya fuera del closet, curiosamente me acompañó una ex novia que tuve en la secundaria que recuerdo con mucho amor y respeto, me hizo la gamba y fuimos juntxs.  Era una fiesta: los camiones, el montaje artístico de muchxs, la música, el cuerpo, la purpurina, los besos, los abrazos, el toqueteo, el cachondeo, las miradas cómplices, los amores de un segundo, y un montón de otras cosas, que entenderán aquelles que alguna vez asistieron a alguna marcha, me hicieron la tarde. Entendí que de eso se trataba nuestra comunidad: de fiesta y alegría, de colores y orgullo. Aunque me divertí mucho, bailé, festejé el orgullo de ser y hasta di mi primer beso gay fuera del closet, había un pero. Siempre hay un pero en el pensamiento crítico. Me hizo ruido que pareciera que nada mas hacía falta conquistar, que las cosas estaban resueltas, que nuestros derechos ya eran nuestros o que simplemente no era necesario pelear, sino que solamente debíamos festejar orgullosamente quienes éramos porque vivíamos en una sociedad justa. Lo que se decía en ese manifestación era que algo que a mí me sabía a poco, sobre todo porque esa realidad no se condecía con lo que vivíamos en el barrio: allá ser de esa manera era muy cool y copado, pero en el barrio eramos una burla. Se vivían y se siguen viviendo violencia contra las marikas, las travas y las disidencias.  Entonces, algo aun nos hace falta modificar en nuestras comunidades ¿no?

Me hacían ruido muchas cosas, pero particularmente me pasaba, o mejor dicho me pasa, que no siento representación por esas ideas y estereotipos que se ven en la tele, en la marcha, en las películas o en el ideario colectivo de la sociedad sobre lo que significa ser gay. Apenas lo escribo se me viene a la cabeza la imagen de un chongo, rubio o trigueño pero no negro, claramente flaco y hasta marcado, de clase social media o acomodada, pero no los putos o a las marikas que caminamos los barrios ante la mirada de lxs otrxs que se ríen, que se burlan o que miran con curiosidad a las identidades disidentes que además no entramos en la normal de lo socialmente aceptado. Los estereotipos inundan nuestra comunidad, se insta a pensar que ese estereotipo físico y de conducta es el correcto para vivir nuestra sexualidad, que no se note o que seas una loca, que siempre estés feliz, que sepas de moda, que siempre estés bien arreglado, que te vistas bien, que vayas al gym o que bailes como los dioses, de un extremo o el otro de la polarización pero siempre con un ideal del deber ser gay, homosexual, marika o puto.

Con el correr de los años fui entendiendo que ese ruido, que esa contradicción venía porque no acordaba con esa hegemonía que se construyó de nuestra comunidad vinculada sólo a la alegría y la fiesta. Claro que somos alegres y que festejamos.  Pero también sufrimos, algunxs más que otrxs. Parece que hasta en la disidencia y fuera de la norma debemos responder a estereotipos construidos para nosotrxs, por nosotrxs mismos y por lxs otrxs. Cumplir con ese mandato nos permite ser “bien” aceptadxs y reconocidxs como tal.  Ante eso también debemos rebelarnxs, ante eso también debemos negarnos a responder a imposiciones y obligaciones contraídas por quienes tal vez se sintieron mas cómodxs con ese encasillamiento y ante la mirada prejuiciosa de una sociedad que se niega a entender o respetar a lxs diferentes.

Contra eso que nos imponen debemos levantar la voz. Debemos decir que no existe una sola manera de ser, que la diversidad se trata de eso, de romper con las lógicas hegemónicas que intentan obligarnos a ser como a lxs otrxs les resulta mas cómodo, como les es más fácil tolerar o aceptar. Que, si al fin de cuentas somos como lxs otrxs quieren que seamos, estamos en un problema, nos negamos a nosotrxs mismxs, nos construimos por cómo quiere una sociedad que constantemente nos empuja a la vergüenza si no encajamos. Contra eso, que significa ser lo normal, nosotrxs las marikas, las travas, lxs bisexuales, lxs no binaries tenemos una responsabilidad política de decir, de hablar, de tomar posicionamiento todos los días en nuestras cotidianeidades, que el orgullo no es solo la alegría de ser, sino también el dolor de la desigualdad que transformamos en lucha y rebeldía.

 

(*) Estudiante de Ciencia Política. Militante de La Matanza profunda y la organización popular.
Amante del arte como herramienta de transformación y la dialéctica como base de toda construcción.
Serigrafista y orgulloso marika de barrio.
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