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Saturday, August 24th, 2019
El desafío de recuperar la memoria ancestral en la ciudad

El desafío de recuperar la memoria ancestral en la ciudad

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by junio 28, 2018 Actividades, Noticias
Nadia S. Desimone (*)

 

Durante las últimas décadas se ha comenzado a manifestar, casi a nivel global, una necesidad de “volver al origen”, de vincularnos “con lo natural”, de recuperar prácticas ancestrales de los pueblos originarios que se han ido perdiendo o dejando de lado con el devenir de la historia.

Ahora bien, si queremos hacerlo, ¿dónde podemos conectar con “lo ancestral, con lo indígena, con lo originario”? ¿Debemos viajar varios cientos de kilómetros hasta hallar un lugar para poder hacerlo? ¿En el noroeste argentino, o bien al sur de nuestro país, quizás? Pareciera que estos sitios solo pueden ser hallados en puntos bastante lejanos a los que solemos frecuentar en lo cotidiano y sin embargo, están mucho más cerca de lo que podemos imaginar.

Visibilizar la presencia y los sitios originarios en la urbanidad es tarea difícil, aún hoy, para lxs hermanxs que han ido migrando y también inmigrando desde sus territorios por diversos motivos, aunque hay uno que pareciera ser tristemente el factor común: el avance sobre sus tierras por parte del Estado o privados. Esta razón es la que lleva a familias enteras o a veces a tan sólo algunx de lxs miembros del grupo familiar, a trasladarse a las ciudades donde deben hacer grandes esfuerzos, no sólo para sobrevivir, sino también para no perder contacto con su cultura, sus costumbres, su cosmovisión y su filosofía.

El Espacio por la Memoria de los Pueblos Originarios (E.M.P.O) de Morón se ha propuesto ser, hace casi ya tres años, el punto de encuentro y confluencia para todxs aquellxs que hoy, viviendo en la jungla de cemento, buscan recordar, encontrarse con otrxs en su misma situación, transitando un mismo sentir y precisando recuperar el contacto con la madre tierra, que a veces, entre tanto edificio y pavimento, pareciera imposible de lograr.

Según sus integrantes el EMPO es “un colectivo integrado por diversos actores sociales: hermanxs originarixs, trabajadorxs, artistas, docentes, comunicadorxs y vecinxs, abierto a toda la comunidad, creado con el objetivo principal de visibilizar, difundir y apoyar diferentes problemáticas e iniciativas indígenas de la provincia de Buenos Aires”. Y esto es lo que se ha intentado lograr y sostener desde el espacio, que actualmente se autogestiona, con todo lo que esto significa y representa, a pesar de funcionar dentro de un sitio municipal, como lo es el Predio Quinta Mansión Seré, primer Espacio de la Memoria de Latinoamérica.

Mujeres y Memoria

Ahora bien, cabe preguntarnos qué papel jugamos las mujeres en la ciudad en esta ardua tarea de recordar, de recuperar, de mantener activa la memoria, no pensándola como algo que se relaciona solo con el pasado, sino como un elemento activo del presente, que es atravesado por elementos culturales, políticos, económicos e históricos, entre otros.

La realidad de las mujeres originarias, y de aquellas que no tenemos ascendencia indígena pero que por convicción y empatía trabajamos junto a ellas, es aún más compleja que la de los hombres, ya que se afirma que la discriminación que se sufre es por partida triple: por mujer, por indígena, por pobre. Es por esto que, durante siglos, a las mujeres nos ha costado empoderarnos, alzar la voz, ocupar espacios claves de decisión, de liderazgo, de dirección.

Si bien en la cosmovisión originaria existe el binomio (sí, aquí también) hombre – mujer (más conocido como “dualidad) y en teoría, ambos se complementan desde sus individualidades y particularidades, también es cierto que, históricamente, las mujeres originarias se han unido para sostenerse, para acompañarse, para educarse, retiradas de su comunidad, alejadas de los varones, conectándose a través de lo que hoy se conoce, aún más, gracias a la lucha y activismo feminista: la sororidad.

En la antigüedad, las hermanas originarias se colocaban en círculo, una al lado de la otra, para permitir que la energía circule y ese flujo se sostenga y potencie, conectándolas, comunicándolas y sanándolas. La implementación de la rueda es justamente porque a través de ella no se dan jerarquías, sino que cada unx ocupa el mismo lugar que las demás. Actualmente, este ejercicio ha comenzado a recuperarse, motorizado por la necesidad de reactivar esa memoria, ese recuerdo que está guardado en cada ser.

Las mujeres del Espacio por la Memoria de los Pueblos Originarios, como también otros espacios de confluencia y reivindicación de las causas indígenas, han sabido tomar este legado de las “abuelas”. Esto puede verse no tan sólo cuando dirigen las ruedas en cada jornada, sino también al llevar adelante las charlas, los debates, coordinando las actividades, tomando el micrófono para alzar la voz, invitando a otrxs a hacerse eco y replicarlo en cada espacio de activismo, de militancia, haciendo surgir del cemento las ideas libertarias, de igualdad y justicia, que supieron defender lideresas como Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, Juana Azurduy.

Es necesario comprender que pisamos suelo originario: Buenos Aires fue y es territorio indígena. Es necesario entender también que si en la antigüedad lxs ancestrxs podían vincularse sanamente con el entorno, nosotrxs también podemos hacerlo, aún estando en la urbanidad, aún sin tener la necesidad de alejarnos de nuestros lugares frecuentes, si logramos despertar, si logramos “recordar” lo que llevamos dentro, aquello que no es necesario aprender, porque ya está impregnado en nuestra memoria.

(*) Técnica en Periodismo. Licenciada en Comunicación Social. Docente y comunicadora popular. Columnista de Pueblos Originarios en Fm Fribuay, Fm En Tránsito, Radio Conexión Abierta y Radio Hexa. Redactora y Administradora de la web Indymedia Pueblos Originarios.
Fotografia: Claudio Ricartes
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